“La muerte de un hijo no se supera, se afronta”

Hablamos con Joan Puig-Pey, padre de Pau, muerto en accidente de tráfico el 12 de abril de 2015, sobre cómo afrontar el dolor por la pérdida de un hijo en estas circunstancias.

El Servicio Catalán de Tráfico informa de que ayer por la tarde se registró un accidente mortal de tráfico en el punto kilométrico 261,5 de la AP-7 a la altura de Cambrils (Baix Camp), en sentido norte. Por causas que todavía se están investigando, un todoterreno ocupado por seis personas salió de la vía y volcó. A consecuencia del accidente, murieron D. B. I., de 30 años, y P. P. C., de 27 años, ambos, vecinos de Barcelona. En el siniestro también resultó finado un menor.” El domingo 12 de abril de 2015, el SCT emitió este comunicado de un siniestro vial mortal en la AP-7 en Cambrils en el cual perdieron la vida tres personas. Una de estas personas era Pau Puig-Pey Comas, el menor de los cuatro hijos de Joan y Dolors, que volvía a Barcelona al día siguiente de trabajar en una boda para unos amigos. Pau era fotógrafo de profesión, formado en el diseño digital, combinaba el muay thai con el fútbol y los maratones. Tenía muchos proyectos de futuro. Como en tantos otros siniestros, sus proyectos y su vida acabaron abruptamente y, a partir de aquel momento, su familia inició, también abruptamente, un proceso de luto traumático y doloroso.

En el reverso de un accidente de tráfico grave o mortal se halla siempre la historia de una familia y de un círculo cercano de personas que son también víctimas del siniestro. La historia de Joan Puig-Pey, 61 años, arquitecto de profesión, es la historia de un padre que, de un día a otro, pierde el hijo de 27 años, “una experiencia monstruosa que nadie en su vida debería sufrir”, lamenta. Él recuerda perfectamente, como si fuera ayer, el momento en que le comunicaron la muerte de Pau: “Aquel domingo, a medianoche, llaman al portero automático de casa; eran los Mossos. Yo pensaba que quizás Pau se habría subido temerariamente a algún lugar para hacer una fotografía…, no me esperaba que el mensaje fuera mucho peor… Pero, ¿qué ha pasado, qué ha pasado?, les gritaba yo. Aquel momento en que me dicen que mi hijo está muerto es un batacazo horroroso; un shock, la conmoción es indescriptible…

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Joan Puig-Pey, en su domicilio

El Servicio Catalán de Tráfico ha puesto en marcha recientemente un servicio de atención psicológica de respuesta inmediata dirigido a los afectados de accidentes de tráfico y prestado por los psicólogos del Sistema de Emergencias Médicas, en el cual, entre otras novedades, se ofrece apoyo psicológico en la comunicación a un familiar directo de una muerte por accidente de tráfico. “En un accidente, las víctimas no solo son los que mueren o los heridos, también lo somos los que recibimos un daño psicológico por una pérdida repentina y violenta como esta; es un problema de salud pública”, asegura Joan. “En estos primeros momentos, cuando te comunican la mala noticia, se orienta, de hecho, el primer paso del proceso de luto”, subraya.

Las personas detrás de las cifras

Pau Puig-Pey es una de las muchas personas que se encuentran detrás de las cifras asociadas a los accidentes de tráfico. Cada persona muerta o gravemente herida en la carretera es una vida truncada, con una familia detrás que también queda tocada. “Pau había finalizado su proyecto de estudios, se había emancipado y trabajaba por su cuenta. Se había orientado en la vida, era feliz, había logrado aquella armonía cuando dejas atrás la tumultuosa adolescencia… y de repente todo esto se acaba súbitamente. Él y yo habíamos llegado a un momento de reencuentro; teníamos una relación padre-hijo y también una relación extra, profesional, de persona a persona muy madura y muy cercana”, remarca. “La pérdida de un hijo supone también la rotura de unas expectativas propias: tú ves que cuando tu hijo crece, algo tuyo se proyecta en él, lo sientes como propio y, de una manera inconsciente, resulta que haces un proyecto en la vida del otro. Cuando esto desaparece de este modo tan violento y abrupto, el dolor es inmenso.”

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Pau y Joan Puig-Pey, el día en que ambos corrieron la Maratón de Barcelona, en 2015

El luto

Una de las cuestiones que más resuena en el entorno de una persona que ha perdido un familiar directo en accidente de tráfico es: “¿cómo se supera esto?” Joan Puig-Pey, desde su vivencia, afirma: “Yo no uso la palabra superar; la muerte de un hijo no se supera, la muerte de una persona querida se afronta, cada día, y afrontando este reto hay días que tengo fuerzas y hay días que todo está gris.” Puig-Pey sostiene que, al principio, el dolor es tan grande que de alguna manera los sentidos quedan anulados. “Al principio yo no recuerdo lo que se me decía, pero sí recuerdo besos, abrazos o momentos compartidos”, explica. Los psicólogos argumentan que las personas que pierden a un familiar quedan paralizadas, aturdidas, y que disponer de un círculo cercano de familiares y amigos ayuda mucho a salir adelante. Joan lo corrobora, y añade: “Aparte del seguimiento psicológico que yo hice, también me fue muy bien formar parte de la  asociación P(A)T. Su Punto de Encuentro es un grupo de luto donde se reúnen personas que se atreven a dar el paso de encontrarse con otras que han pasado también por estas circunstancias. ¡Al final necesitas compartirlo con alguien! Hay un momento en el que te  das cuenta de que, si estás permanentemente conectado a esta ausencia física de la persona querida, te hundes todavía más… Yo tengo la responsabilidad de poderme reencontrar conmigo mismo, ¡y vivir! Ahora bien, esto no es, ni mucho menos, un proceso inmediato.”

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Sa Marina de Valldemossa, Mallorca. Lugar de reposo de Pau Puig-Pey (fotografía realizada por Pau)

Joan Puig-Pey se considera una persona con un profundo fundamento espiritual y esto le ha ayudado a gestionar mejor el dolor de la pérdida. “A mí me ha dado mucha serenidad escribir poesía y dibujar; tener espacios de contemplación donde encontrarme conmigo mismo para romper este remolino oscuro interior que no para nunca… En cuanto a Pau, quedan en mi yo muchas huellas de amor y de relación de calidad que se han dado, que lo constituyeron a él y que me han realizado a mí; Pau físicamente ya no está, pero yo lo siento vivo dentro de mí, de otra forma”, asegura.

Cómo seguir adelante

La historia de los familiares que pierden a alguien en accidente de tráfico son historias de supervivencia. Desde el mismo momento del siniestro, los familiares tienen que afrontar una durísima carrera de obstáculos: los trámites, el dolor de la pérdida, los recuerdos… “Cada cual lo gestiona como puede”, afirma. “Todavía recuerdo cuando recogimos su espacio vital: la cama por hacer, sus calcetines en el suelo, la taza con dos dedos de café, el ordenador encendido…, se te encoge el estómago. Lo metes todo en cajas… Y volverlas a abrir cuesta mucho. En casa, cada cual ha hecho su luto, a su ritmo”, explica. “Mi mujer y yo quisimos conocer y abrazar a los Mossos que habían estado junto a Pau en el accidente, acompañándolo en su último aliento; fue un encuentro con mucha humanidad. A la vez, ellos nos confesaron que aquel encuentro los confirmó en su vocación de servicio. Y es que incluso de las experiencias más dolorosas,  acabas sacando una lección de vida”, concluye Joan.

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