Estrés y conducción

¿Quién no ha sufrido alguna vez estrés? Quien más quien menos, ha ido estresado alguna vez, o ha sentido cómo el estrés le ha provocado cansancio, fatiga, mal humor… Pero, ¿qué nos pasa cuando conducimos estresados? ¿Sabemos cómo nos puede afectar el estrés en la conducción?

 

¿Qué es el estrés?

El estrés puede ser aquel dolor muscular en las cervicales, o aquel dolor de cabeza repentino, o la fatiga física y psicológica. También puede ser aquel mal humor que se nos pone, o bien aquella cadena de pensamientos negativos o catastrofistas que nos viene, de repente, y que no podemos quitarnos de la cabeza.

«La respuesta de estrés es el conjunto de cambios que podemos observar en nuestro organismo ante una situación de exceso de demanda o de exigencia del entorno.»

Cuando estamos pasando por una etapa de sobrecarga profesional, académica o personal podemos notar que nos estresamos. Las experiencias negativas como por ejemplo adversidades, dificultades o problemas nos pueden generar nervios e inquietud. O simplemente podemos sentir estrés un día repleto de cosas por hacer.

Hay que decir que el estrés, por sí mismo, no es bueno ni malo. Incluso un poco de estrés es necesario para estar activados y poder responder a las demandas del entorno. De hecho, la reacción del estrés depende de la forma en que valoramos nuestros propios recursos de respuesta. Las personas valoramos constantemente lo que nos está pasando y lo que significa para nosotros. Esta valoración de los recursos personales y de la capacidad que tenemos para hacer frente a las demandas externas o internas determina en gran proporción que nos sintamos angustiados, desafiados u optimistas.

¿Cuáles son las respuestas de nuestro cuerpo al estrés?

El estrés afecta a un conjunto amplio de variables psicofisiológicas (por ejemplo, respuestas asociadas al sistema cardiovascular) y metabólicas, así como a varios órganos.

También nos afecta psicológicamente. La principal respuesta psicológica es una sensación subjetiva de malestar emocional y la experiencia de emociones negativas, como por ejemplo ansiedad, miedo, ira, depresión, etc., en contraste con las emociones positivas que no suelen darse con el estrés, como la alegría o el placer.

El estrés también nos puede causar preocupación, pérdida de control, conducta agresiva, y uso de sustancias psicoactivas como alcohol o drogas.

¿Nos puede influir el estrés en la conducción?

Para conducir, necesitamos un estado de alerta moderado que nos permita mantener una atención sostenida en todos los estímulos, tanto del vehículo como de la circulación. También nos hace falta concentración que nos permita seguir el itinerario hasta nuestro destino. Además, es necesario mantener una estabilidad emotivo-afectiva y una actitud colaboradora, tranquila y prudente para conducir con seguridad.

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El estrés, pues, puede afectar a nuestra capacidad de dar respuesta a las situaciones que plantea el tráfico, de ser conscientes de nosotros mismos y de los otros usuarios de la vía pública; puede interferir en nuestra competencia para conducir disminuyendo nuestras capacidades, y nos puede poner en riesgo.

Tomar conciencia

Por todo esto, antes de conducir es importante preguntarse si nuestro estado emocional en el momento de desplazarnos puede tener algunos efectos en el comportamiento y la conducción.

Estar atento a la posibilidad de sentirse demasiado alterado o nervioso durante la movilidad, antes de que nos pase, es un comportamiento responsable y preventivo.

Si somos capaces de prever el impacto de la emoción en nuestro comportamiento y en el de los otros y gestionarla para que no se convierta en un peligro, podremos conducir con seguridad. Por lo tanto, tomar conciencia de uno mismo nos puede ayudar a evitar riesgos.

¿Qué podemos hacer si notamos estrés mientras conducimos?

  • Aceptar. Las obras, las afectaciones en la vía, las retenciones u otras situaciones como por ejemplo el exceso de velocidad y el comportamiento imprudente de los otros usuarios de la vía nos pueden generar nerviosismo. Si aceptamos que el tráfico a veces es imprevisible y que pueden haber incidencias no previstas, nos será más fácil de asumir. La aceptación es una forma útil de adaptarse a situaciones que no se encuentran bajo nuestro control y que no dependen de nosotros.
  • Relajarnos. El estado de relajación es antagónico con el estado de estrés. Si estamos relajados, no podemos estar estresados. Una manera muy sencilla de llegar a la relajación es respirando profundamente.

 

  • Gestionar mejor nuestro tiempo. Salir con suficiente tiempo de nuestro lugar de origen hará que después vayamos más tranquilos. La solución es planificarse bien y establecer objetivos claros, específicos y alcanzables.

 

 

 

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