Para ti, ¿qué precio tiene la vida?

Entrevista a Ester Busquets, doctora en Ética de la Universidad de Vic

En el SCT, nuestra actividad se centra en la prevención de los accidentes de tráfico y la reducción de la siniestralidad; por tanto, nos interesan todos aquellos factores del comportamiento humano que influyen en la conducción. La mayoría de los estudios demuestran que el factor humano es el principal elemento implicado en la siniestralidad. Debemos tener en cuenta que ante una misma situación los conductores reaccionamos de distinta forma de acuerdo con nuestra personalidad, aprendizaje, etc. Las actitudes y las conductas inseguras son los factores de riesgo más habituales y los más difíciles de modificar.

Si vamos más allá, la doctora en Ética de la Universidad de Vic, Ester Busquets, nos plantea la siguiente pregunta: “¿Qué harías si fuera el último día de tu vida? Nadie piensa en hacer cosas malas, como por ejemplo conducir bebido, provocar destrozos, mentir, ofender, etc. Más bien se trataría de hacer cosas bonitas.” A lo mejor nunca nos lo habíamos planteado cuando salimos a la carretera, pero sí somos conscientes de que cada día mueren personas.

110_4350SCT – Entonces, ¿cómo explicaría el hecho de que somos capaces de frenar donde sabemos que hay un radar para evitar pagar la multa pero, sin embargo, somos incapaces de reducir la velocidad por la estima a la propia vida y a la de los demás?

EB – A raíz del último anuncio del SCT en relación con la velocidad, “No corras, vive más”, hemos visto que la velocidad es incompatible con la vida. Muchas veces no le damos valor a aquello que lo tiene y, en la vida ̶lo descubrimos solo en situaciones límite, por ejemplo en enfermedades ̶, valoramos lo que hemos tenido cuando no lo tenemos.

Desde el punto de vista social, vivimos una época en la que las personas viven centradas en sí mismas y en su entorno más directo y se está perdiendo el sentido de comunidad. A esto Busquets lo llama “cultura del yo” o bien “hiperindividualismo”.

SCT – ¿Cómo nos explicaría esta “cultura del yo” que el ser humano traslada también a la conducción?

EB – El hiperindividualismo sería el individuo centrado en sí mismo y sus circunstancias. Si me lo permitís, haré referencia a una frase del filósofo alemán Hans Jonas: “La irresponsabilidad es el olvido del otro”. Por lo tanto, la responsabilidad es acordarte del otro. Dicho esto, en la conducción es donde más se manifiesta. La ética en ti mismo reside en la reflexión y es lo que hace que acabes conduciendo responsablemente.

SCT – ¿Qué se puede hacer para paliar esta sociedad hiperindividualista?

EB – Esta es una cuestión social, aprendemos a partir de modelos y estos no necesariamente nos ayudan. Tendrían que cambiar temas de base, educar en valores, en virtudes y en actitudes. A través de los medios recibimos mensajes contrarios a la seguridad que no educan en la responsabilidad.

Si tanto amamos la vida, ¿por qué la menospreciamos cuando salimos a la carretera?

SCT – ¿Cree que la dureza o el incremento en las sanciones, respecto a las infracciones de circulación, son un buen método para concienciar a los conductores del peligro que supone su comportamiento en la carretera?

EB – La sanción es necesaria pero no suficiente, porque es una medida temporal para llegar a la concienciación. Es necesario acompañarla de todo un proyecto educativo y de concienciación global.

SCT – ¿Por qué considera que tenemos que educar en sabiduría y no en conocimiento?

EB – Porque la sabiduría y la conciencia moral, que se educa en el contexto social, realmente mejoran cuando uno mismo es consciente del sentido de conducir responsablemente. El conocimiento no sirve, sirven los modelos. Hay que insistir en un cambio positivo y hacer visibles más modelos de conducción segura.

SCT – Para educar en virtudes, ¿se tendría que empezar en los colegios introduciendo estos valores a los más pequeños? ¿Tendría que existir como una asignatura básica más?

EB – Sí que se tendrían que introducir estos valores desde pequeños e introducirlos desde la experiencia y desde la emoción. No se aprende sin emoción, sin la experiencia de sentir. Tenemos que educar en la consciencia de que conducir es importante y que, por lo tanto, estás haciendo una cosa importante. Tenemos que educar en actitudes responsables.

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