Huir del lugar de un accidente: una mala decisión

“Hace unos 6 años, investigamos un accidente en el cinturón del Litoral, en el que un turismo hizo caer a una motorista y un tercer coche le pasó por encima… Los dos conductores, el del vehículo que la hace caer y el que le pasa por encima, se paran unos metros más adelante, miran qué ha pasado, uno de ellos llama al 112, y deciden marchar los dos del lugar del accidente.” Este es uno de los muchos ejemplos que nos podría explicar el sargento Rafa Aguilar, del Grupo de Búsqueda y Documentación (GRD), la división de los Mossos d’Esquadra que investiga los accidentes de tráfico.

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Desgraciadamente, el abandono del lugar del accidente y la omisión del deber de socorro son más habituales de lo que podamos suponer. En 2018, hubo 198 accidentes en las carreteras catalanas en los que el conductor que provocó el siniestro se dio a la fuga. De estos 198 siniestros, uno fue mortal. La tarea de los Mossos al frente del GRD es la de investigar el lugar del accidente, seguir las pistas y localizar finalmente al conductor que ha huido del lugar del accidente. En muchos casos, esto se consigue por la suma de esfuerzos y recursos que se ponen al alcance para localizar al vehículo que se ha dado a la fuga. En el caso que relataba el sargento Aguilar, se localizó a los dos conductores: “Llegamos a determinar la identificación del conductor que hizo caer a la motorista por la llamada al 112. Del coche que le pasó por encima, recuperamos algunas piezas que nos permitieron determinar el modelo del turismo. A la semana siguiente montamos un control en el mismo punto y buscamos el turismo hasta que lo encontramos, y en los bajos tenía todavía restos biológicos. Imputamos un delito de homicidio imprudente y omisión del deber de socorro a los dos conductores”, explica Aguilar.

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La trazabilidad de los restos

En los siniestros en los que un vehículo ha huido del lugar del accidente son muy importantes los restos del vehículo que hayan quedado. A menudo, gracias a estos restos se puede localizar el vehículo fugado y a su conductor. Si el vehículo ha sido reparado, se añaden dificultades a su posterior localización pero también hay vías para atrapar al responsable: “Cuando el vehículo se monta en fábrica, todas sus piezas tienen un reloj, con la indicación del año; a partir de aquí, si por ejemplo tenemos un vehículo del 2010 y encontramos piezas del 2017, sabemos que algo se ha reparado. Seguimos las pistas, pedimos datos de estos cambios de piezas hasta que finalmente podemos determinar si ha estado implicado en aquel accidente”, explica el sargento Aguilar. “En los accidentes con fuga, trabajamos estrechamente con el gremio de talleres; nosotros lanzamos un aviso de que buscamos un vehículo de una marca y modelo concreto y si entra en reparación un vehículo con estas características y con estos daños, el taller nos da el aviso”, precisa Aguilar.

Los motivos

Según el sargento a cargo de la división de investigación de los accidentes de tráfico, no hay un perfil tipo del infractor que huye del lugar del accidente, pero sí hay unos denominadores comunes que se acostumbran a cumplir en estos casos, como haber consumido alcohol, haber perdido todos los puntos del carné de conducir, no tener pasada la ITV, o no tener el seguro del vehículo, para citar los ejemplos más habituales. “A menudo, son estas circunstancias las que empujan a algunos conductores a tomar la decisión de huir del lugar del accidente; una acción que, de hecho, es mucho más grave que cualquiera de estas circunstancias”, puntualiza el sargento Aguilar.

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Reforma del Código Penal

El 20 de febrero de este año, entró en vigor la reforma del Código Penal, en la cual se incorpora el delito de abandono del lugar del accidente y se establecen penas de hasta 4 años de prisión, si el conductor es responsable del siniestro, y también de hasta 6 meses de prisión, si un conductor llega al lugar de un accidente con víctimas y no se para a auxiliarlas. Con esta medida, ampliamente reclamada por las entidades que defienden a las víctimas de accidentes, se pretende ofrecer una mayor protección a las víctimas de los accidentes de tráfico.

El mejor momento para dejarlo

Leíamos recientemente que el marido de la reina Isabel II de Gran Bretaña, el príncipe Felipe, de 97 años, había entregado voluntariamente su permiso de conducir a la Policía. De esta manera quería dejar bien claro que había decidido no volver a conducir nunca más, forzado sobre todo por un accidente que había tenido pocas semanas antes y porque días después lo habían cogido in fraganti conduciendo sin el cinturón de seguridad puesto. En realidad, ya hacía tiempo que recibía la presión de una sociedad que consideraba que, quizás, ya era demasiado mayor para coger el coche.

También hemos podido leer últimamente que, del total de víctimas mortales que hemos contabilizado hasta ahora en nuestras carreteras, aproximadamente un 42% tiene más de 65 años. Unos datos inéditos hasta ahora y que demuestran un aumento de muertos en la carretera que se incluyen dentro de la franja de edad denominada eufemísticamente “personas mayores”.

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Con todas estas informaciones, es fácil que surja la pregunta siguiente: “¿Habría que poner un límite de edad para conducir?”. Es evidente que con la edad perdemos visión, reflejos al volante y capacidad auditiva. Pero antes de responder categóricamente a la pregunta, recordemos aquel cuento titulado “El plato de madera”, en el que un hombre castiga a su padre, ya mayor, a comer en un rincón y en un plato de madera porque, a causa de la edad, no paraba de tirarlo todo y de romper los platos. Pocos días después, el hombre se encuentra a su hijo pequeño trabajando un pequeño tronco con su cuchillo. El hombre le pregunta: “¿Qué haces?”, y el niño le responde: “Estoy haciendo un plato de madera, para que cuando tú seas viejo comas como el abuelo. Como he visto que a tu padre le dabas un plato de madera, ahora yo estoy haciendo uno para ti.” No hay que decir que, en un primer momento, el padre no se lo toma demasiado bien, pero acaba comprendiendo la moralidad del cuento y permite al abuelo volver a comer con toda la familia.

Por lo tanto, y volviendo a la pregunta de si hay que poner un límite de edad para conducir, la gente que no forma parte del colectivo de las personas mayores podría verse tentada a responder con un sí rotundo. Pero, ¿a qué edad ponemos la línea? ¿64 años? ¿65? ¿70? No todos envejecemos igual y seguro que, cuando nos llegara la edad marcada por ley pensaríamos: “Hombre, pues todavía estoy lo bastante bien, no veo por qué ahora tengo que dejar de conducir”. Y es que no disponer del permiso de conducir supone para todos una gran pérdida de nuestra independencia, un precio que, llegado el momento, no todos estamos dispuestos a pagar. No todos estamos dispuestos a comer en un plato de madera.

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Pero es cierto que ante el aumento de la mortalidad de los conductores, pasajeros y peatones mayores de 65 años, tendríamos que tomar algunas medidas. Un aspecto importante a considerar es la vulnerabilidad relacionada con la edad. El mismo accidente puede tener consecuencias diferentes según las condiciones físicas de las personas afectadas. Por eso son tan importantes las medidas de seguridad activa y pasiva, sea cuál sea la edad de conductores y pasajeros.

En cualquier caso, la conducción requiere un ejercicio de responsabilidad por parte de todos y cada uno de nosotros, tanto en el mismo momento en el que se conduce como en la obtención y renovación de los permisos, que incluyen el reconocimiento psicofísico de los conductores cada 10 años en general y cada 5 a partir de los 65 años. No obstante, este tiempo se puede reducir en función de los problemas psicofísicos que se detecten en las revisiones. Desde el Servicio Catalán de Tráfico pedimos a todo el mundo, sea cual sea su edad, un ejercicio de responsabilidad y sinceridad en el reconocimiento psicofísico para que los profesionales puedan hacer su trabajo y nos marquen las adaptaciones que necesitamos para conducir y el plazo en el que hay que renovar el permiso de conducir. Se trata de no engañarnos, ni a nosotros mismos ni tampoco a los responsables que nos tienen que permitir, o no, renovar el permiso de conducir. Las consecuencias de hacer trampas pueden ser demasiado graves.

 

Imprudencias que no pasan desapercibidas

Un coche circula por la T-11 entre Reus y Tarragona. La conductora coge el móvil y consulta una aplicación para saber el recorrido que tiene que hacer. Para ella solo ha sido “un momento”, el tiempo suficiente para perder la atención en la circulación y empezar a desviarse de la trayectoria. Dos agentes que patrullan en un vehículo de paisano de Mossos d’Esquadra por la misma vía han visto la infracción e indican a la chica que los siga y se detenga. Le comunican que ha cometido una infracción grave de circulación que le supondrá la pérdida de 3 puntos del permiso de conducir y una multa de 200 euros. 

Los vehículos mirilla son coches no logotipados de Mossos d’Esquadra con los cuales se lleva a cabo un patrullaje policial dinámico. La priorización de este tipo de controles es una de las medidas que se ha implementado este 2019, con el objetivo de seguir trabajando para contener la siniestralidad vial en las carreteras catalanas y concienciar a los conductores del peligro  que suponen las distracciones y otras imprudencias al volante.

Como su nombre indica, los vehículos mirilla permiten a los Mossos vigilar las carreteras sin ser reconocidos o detectados por los conductores. Dentro van dos agentes uniformados que son los encargados de captar infracciones de tráfico –distracciones, sobre todo el uso del teléfono móvil, pero también adelantamientos incorrectos o no llevar el cinturón de seguridad– que los conductores cometen mientras circulan sin ser conscientes de la presencia de un coche policial. “La idea es que puedas parar en el mismo momento al conductor y notificarle la denuncia”, explica el inspector Antoni Vilafranca, jefe del Área Regional de Tráfico Campo de Tarragona.

“Solo ha sido un momento”, “no lo cojo nunca”, “me llamaban de la escuela/del trabajo”, “pensaba que era una emergencia”… Las excusas que ponen los conductores son numerosas y recurrentes pero lo cierto es que, como son pillados in fraganti, la mayoría reconocen y aceptan que estaban haciendo una cosa que no hubieran tenido que hacer: conducir manipulando el móvil.

Con todo, el año pasado las distracciones fueron la causa de casi uno de cada cuatro accidentes con víctimas. “Hemos pasado de hablar con el teléfono en la oreja a comunicarnos vía whatsapp con el teléfono entre las piernas y utilizar de esta manera el móvil es tanto o más peligroso. No estar pendientes de lo que está pasando delante nuestro en la carretera puede provocar accidentes con consecuencias que a veces ni nos imaginamos”, advierte Xavier Piña, sargento del Área Regional de Tráfico Central.

Las distracciones causadas por el uso del móvil son las más frecuentes pero también se detectan otras. En la AP-7 en Santa Perpètua de Mogoda una patrulla de la ART Metropolitana Norte observa al conductor de una furgoneta que está comiendo de una fiambrera mientras conduce. Los agentes lo avisan y le obligan a detenerse en la siguiente área de servicio. El conductor de la furgoneta pillada se excusa y dice que tenía previsto hacer una parada para comer pero que tiene mucha prisa y finalmente no le ha dado tiempo. Comportamientos como este también pueden causar que la atención se desvíe de la carretera durante unos segundos y en consecuencia comportar graves riesgos al volante.

Para ti, ¿qué precio tiene la vida?

Entrevista a Ester Busquets, doctora en Ética de la Universidad de Vic

En el SCT, nuestra actividad se centra en la prevención de los accidentes de tráfico y la reducción de la siniestralidad; por tanto, nos interesan todos aquellos factores del comportamiento humano que influyen en la conducción. La mayoría de los estudios demuestran que el factor humano es el principal elemento implicado en la siniestralidad. Debemos tener en cuenta que ante una misma situación los conductores reaccionamos de distinta forma de acuerdo con nuestra personalidad, aprendizaje, etc. Las actitudes y las conductas inseguras son los factores de riesgo más habituales y los más difíciles de modificar.

Si vamos más allá, la doctora en Ética de la Universidad de Vic, Ester Busquets, nos plantea la siguiente pregunta: “¿Qué harías si fuera el último día de tu vida? Nadie piensa en hacer cosas malas, como por ejemplo conducir bebido, provocar destrozos, mentir, ofender, etc. Más bien se trataría de hacer cosas bonitas.” A lo mejor nunca nos lo habíamos planteado cuando salimos a la carretera, pero sí somos conscientes de que cada día mueren personas.

110_4350SCT – Entonces, ¿cómo explicaría el hecho de que somos capaces de frenar donde sabemos que hay un radar para evitar pagar la multa pero, sin embargo, somos incapaces de reducir la velocidad por la estima a la propia vida y a la de los demás?

EB – A raíz del último anuncio del SCT en relación con la velocidad, “No corras, vive más”, hemos visto que la velocidad es incompatible con la vida. Muchas veces no le damos valor a aquello que lo tiene y, en la vida ̶lo descubrimos solo en situaciones límite, por ejemplo en enfermedades ̶, valoramos lo que hemos tenido cuando no lo tenemos.

Desde el punto de vista social, vivimos una época en la que las personas viven centradas en sí mismas y en su entorno más directo y se está perdiendo el sentido de comunidad. A esto Busquets lo llama “cultura del yo” o bien “hiperindividualismo”.

SCT – ¿Cómo nos explicaría esta “cultura del yo” que el ser humano traslada también a la conducción?

EB – El hiperindividualismo sería el individuo centrado en sí mismo y sus circunstancias. Si me lo permitís, haré referencia a una frase del filósofo alemán Hans Jonas: “La irresponsabilidad es el olvido del otro”. Por lo tanto, la responsabilidad es acordarte del otro. Dicho esto, en la conducción es donde más se manifiesta. La ética en ti mismo reside en la reflexión y es lo que hace que acabes conduciendo responsablemente.

SCT – ¿Qué se puede hacer para paliar esta sociedad hiperindividualista?

EB – Esta es una cuestión social, aprendemos a partir de modelos y estos no necesariamente nos ayudan. Tendrían que cambiar temas de base, educar en valores, en virtudes y en actitudes. A través de los medios recibimos mensajes contrarios a la seguridad que no educan en la responsabilidad.

Si tanto amamos la vida, ¿por qué la menospreciamos cuando salimos a la carretera?

SCT – ¿Cree que la dureza o el incremento en las sanciones, respecto a las infracciones de circulación, son un buen método para concienciar a los conductores del peligro que supone su comportamiento en la carretera?

EB – La sanción es necesaria pero no suficiente, porque es una medida temporal para llegar a la concienciación. Es necesario acompañarla de todo un proyecto educativo y de concienciación global.

SCT – ¿Por qué considera que tenemos que educar en sabiduría y no en conocimiento?

EB – Porque la sabiduría y la conciencia moral, que se educa en el contexto social, realmente mejoran cuando uno mismo es consciente del sentido de conducir responsablemente. El conocimiento no sirve, sirven los modelos. Hay que insistir en un cambio positivo y hacer visibles más modelos de conducción segura.

SCT – Para educar en virtudes, ¿se tendría que empezar en los colegios introduciendo estos valores a los más pequeños? ¿Tendría que existir como una asignatura básica más?

EB – Sí que se tendrían que introducir estos valores desde pequeños e introducirlos desde la experiencia y desde la emoción. No se aprende sin emoción, sin la experiencia de sentir. Tenemos que educar en la consciencia de que conducir es importante y que, por lo tanto, estás haciendo una cosa importante. Tenemos que educar en actitudes responsables.

En la sillita, sin abrigo

En invierno tapamos a nuestros hijos con abrigo, guantes, bufandas… para evitar que sufran frío, pero dentro del coche dejarles el abrigo puesto es un riesgo. Los expertos apuntan que si un niño va equipado con esta prenda de ropa tiene un 80% más de probabilidades de salir disparado del vehículo en caso de frenazo brusco.
Según un estudio del comparador de seguros Acierto.com, el 52% de los padres tienen esta mala costumbre y por desconocimiento incrementan la peligrosidad de los desplazamientos de sus hijos durante el invierno.

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Una de las claves para que los niños circulen con seguridad en las sillitas de los vehículos es que los arneses estén bien sujetos y pegados al cuerpo, hecho que no se produce si van con abrigo. El anorak genera un volumen falso en el tórax del niño que hace que cuando ajustamos la sujeción esta quede demasiado holgada. De esta manera, en caso de accidente, se aumenta la probabilidad de que el abrigo se deslice hacia adelante y se libre del sistema de retención.
Así pues, para la seguridad de los niños, lo mejor es quitarles el abrigo antes de sentarlos en las sillitas para poder ajustarles los arneses de forma óptima. Un truco que recomiendan los expertos para comprobar si van bien sujetos es que, si podemos pasar dos o más dedos por debajo del cinturón a la altura del hombro, es que no están bien atados y los tenemos que ajustar más. Por otra parte, si hace mucho de frío en el interior del vehículo, la mejor opción es ponerles el abrigo por encima o una manta, y de esta manera no se modifica el sistema de sujeción.

Fármacos no aptos para la conducción segura

Conducir un vehículo requiere una atención plena para no poner en peligro nuestra seguridad ni la de los demás. Esta responsabilidad compartida pasa por informarnos, en el caso de tomar algún medicamento, de los posibles efectos que puedan alterar nuestras capacidades a la hora de conducir de manera segura. La información sobre los riesgos que puedan suponer los tratamientos farmacológicos a la hora de salir a la carretera es básica para reducir la accidentalidad; una tarea preventiva que necesita la implicación de las autoridades sanitarias y de tráfico, de los pacientes y de los profesionales que los prescriben.

En el estado español, un 25% de los medicamentos que se venden pueden interferir en la conducción y un 17% de los conductores desconocen el riesgo potencial que puede suponer el tratamiento que siguen si conducen, según datos que se aportaron en la Jornada “Fármacos y conducción”, organizada por la Sociedad Catalana de Salud Laboral y FAES FARMA, el pasado mes de septiembre.

La información, clave

¿Tenemos que tomar algún medicamento y tenemos que conducir? Informarnos sobre sus posibles efectos es fundamental. Si en el envase del fármaco aparece un pictograma de un coche dentro de un triángulo rojo equilátero con la leyenda “Conducción. Ver prospecto”, es necesario que leamos las indicaciones con atención, ya que el símbolo nos advierte de que el consumo de la medicina puede interferir en las aptitudes para conducir un vehículo. Y además, siempre que empezamos un nuevo tratamiento, tenemos que preguntar a nuestro médico cómo puede afectarnos a la hora de conducir.

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¿Con qué medicamentos debemos tener cuidado?

Los medicamentos, incluidos los que no tienen que ser dispensados con receta médica, pueden causar graves alteraciones que interfieren en la conducción, entre ellos somnolencia, dificultad de concentración o para estar alerta, visión doble o borrosa, sensación de vértigo, disminución de los reflejos, falta de coordinación, sensación de inestabilidad o mareos. Si tomamos algunos de estos fármacos, ¡cuidado! Porque pueden influir negativamente en la conducción: los que se utilizan para tratar los trastornos del sueño, la ansiedad, la depresión, la epilepsia, la enfermedad de Parkinson, las alergias, las migrañas o la diabetes, entre otros.

El factor humano está presente en el 90% de los accidentes con víctimas; una cifra lo bastante contundente que nos debe hacer reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad cuando cogemos un vehículo. La relación entre conducción y medicamentos puede ser peligrosa, de la misma manera que siempre lo es con el alcohol y otras drogas. En el año 2017, y según datos del Instituto de Medicina Legal de Cataluña, de cada diez conductores fallecidos en accidente, más de tres habían consumido alcohol, drogas y/o psicofármacos (un 38%).

Por otra parte, conviene tener en cuenta que los conductores profesionales tienen que extremar todavía más las precauciones e informarse sobre los efectos de la medicación que toman. Debe destacarse que del total de víctimas de accidentes de tráfico del año 2017, un 39,9% sufrieron un siniestro en el entorno laboral.

 

Fuentes y más información

Documento de consenso sobre medicamentos y conducción en España: información a la población general y papel de los profesionales sanitarios. – Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.”

 

Anuario estadístico de accidentes de tráfico en Cataluña. Año 2017

Accidentes de moto: la responsabilidad es de todos

Los motoristas y los conductores del resto de vehículos comparten el espacio viario y, cuando se produce un accidente de tráfico, independientemente de la responsabilidad del siniestro, el que normalmente sale perjudicado es el motorista. Esta idea es el motor que hace girar la nueva campaña del Servicio Catalán de Tráfico, centrada en la prevención de accidentes entre el colectivo de motoristas y que apela a la actitud prudente y responsable de todos los conductores.

Cartela-Premsa-NoiUn hecho que comparten muchos conductores es que unos y otros muestran una falta de actitud autocrítica y tienden a desplazar la culpabilidad hacia los otros. En el caso de los motoristas, analizando los datos que se desprenden de siniestralidad, hay que destacar que a menudo menosprecian la percepción del riesgo que corren en determinadas conducciones y no tienen conciencia plena de su fragilidad. Los motoristas acostumbran a priorizar el factor “ahorro de tiempo” en sus desplazamientos y eso hace que, a veces, conduzcan de manera peligrosa e imprudente.

Al mismo tiempo, los conductores del resto de vehículos a menudo tampoco son suficientemente conscientes de la vulnerabilidad de los vehículos de dos ruedas y deberían adoptar actitudes más respetuosas y protectoras hacia los motoristas.

Los conductores, sean de moto o del resto de vehículos, tienen una imagen de sí mismos como conductores que no concuerda con el comportamiento real que tienen en la carretera. Habitualmente, desplazan cualquier clase de responsabilidad a terceros; obvian o niegan los propios errores y justifican actitudes y comportamientos de elevado riesgo con excusas diversas.

El eslogan de esta nueva campaña, “Todos cometemos errores. Todos somos responsables. La única diferencia es que el/la motorista siempre pierde”, quiere fomentar la reflexión entre ambos colectivos y que se asuma el mismo nivel de corresponsabilidad a la hora de evitar los accidentes de tráfico de motoristas. Los destinatarios de la campaña, que se alargará hasta el 31 de diciembre de 2018, son tanto los motoristas como el resto de conductores y conductoras.

Las manos en el volante… ¡y los ojos en la carretera!

Casi 2.000 personas denunciadas, 1.500 por utilizar dispositivos de telefonía móvil, en una semana de controles intensivos realizados por los Mossos d’Esquadra en el marco de la campaña preventiva de control de las distracciones al volante y respeto por las indicaciones de los semáforos.

Son datos que constatan que el móvil es un problema del que a menudo no somos conscientes… o no queremos serlo: utilizando el móvil cuando conducimos ponemos en riesgo no solo nuestra vida sino también la de los demás. Y es que, desde hace unos años, las distracciones durante la conducción, las más habituales motivadas por los teléfonos, son uno de los principales factores concurrentes de los accidentes graves que pasan en las carreteras catalanas. Concretamente, en 2017, en uno de cada cuatro accidentes con víctimas la falta de atención permanente por parte del conductor fue una de las causas.

La campaña, coordinada por el Servicio Catalán de Tráfico y en la que también participaron policías locales, se llevó a cabo del 12 al 18 de noviembre. Los Mossos denunciaron a 1.913 personas, de la cuales 1.506 por utilizar telefonía móvil, 235 por el uso de pantallas visuales (GPS) y 172 por infracciones relativas a semáforos. Según el inspector Andreu Gonzàlez, jefe de la División de Tráfico de los Mossos d’Esquadra, estas denuncias suponen “un incremento del 371% en relación con cualquier semana del año y de un 51% si la comparativa se hace respecto a la misma campaña del año anterior”.

La mayoría de infracciones por el uso del móvil se detectan de lunes a viernes y en horario de mañana, cuando hay más actividad laboral. Las distracciones han estado presente como factor concurrente en un 23% de los accidentes con víctimas (fallecidos, heridos graves y heridos leves) registrados este año 2018.

Las infracciones por conducir manipulando dispositivos móviles, GPS u otros que se consideran incompatibles con la obligación de atención permanente a la conducción son de carácter grave y suponen una sanción económica de 200 euros y la detracción de 3 puntos del permiso. Pero, en caso de accidente, la multa sería lo menos importante. Cuando conduzcas, no contestes al teléfono ni envíes whatsapps, no busques cuál es la mejor ruta en el GPS ni manipules ningún dispositivo electrónico. Cuando conduzcas, las manos en el volante y los ojos en la carretera, ¡siempre!

Alerta: ¡animales en la carretera!

Es de noche, circulas por una carretera con poca luz y… de golpe, ¡un jabalí! Tienes milésimas de segundo para reaccionar: “Freno o doy un volantazo?” Este ejemplo ficticio sucede cada vez más a menudo en las carreteras catalanas. Jabalíes, ciervos, corzos, zorros, pero también cabras, perros o caballos cruzan carretera y, a veces, hasta autopistas o autovías para buscar comida o pareja. Esto ha incrementado el número de accidentes cinegéticos en todo el país, ya sea por choque con el animal o por intentar evitar el choque. Muchas veces estos siniestros solo provocan daños materiales, pero en otros casos evitar el accidente deriva en algo peor, como un accidente frontal con otro vehículo o una salida de vía.

El número de accidentes por irrupción de un animal en la carretera casi se ha triplicado en los últimos seis años en Catalunya –según datos de los Mossos d’Esquadra, en 2016 se registraron 3.122, mientras que el 2010 hubo 1.119–, sobre todo por un aumento espectacular de la presencia de animales de caza mayor, especialmente de jabalíes, o domésticos en las vías catalanas. Este año, hasta el 31 de octubre de 2018, los Mossos d’Esquadra han intervenido en 2.496 accidentes con animales implicados. De estos, ha habido 134 accidentes con víctimas, los cuales han causado un total de 167 víctimas (9 graves, 158 leves y ninguna víctima mortal).

Accidentes cinegéticos

Estos animales prefieren la quietud del atardecer y la noche para salir a pasear en busca de algo para comer. También prefieren las carreteras convencionales, donde no hay tanto volumen de tráfico, y la primavera y el otoño es cuando hay más accidentes de este tipo.

Bestias en la carretera: consejos

El jefe del Área Regional de Tráfico de Poniente de los Mossos d’Esquadra, el inspector Jordi Batista, nos recuerda los siguientes consejos en caso de encontrarnos estos animales cuando conducimos: – Hacer caso de la señalización de paso de animales en libertad. – Moderar la velocidad, especialmente en franja horaria nocturna o de poca visibilidad. También en tramos de carretera en los que el campo visual se ve reducido por vegetación, árboles o campos de cultivo. – Siempre que sea posible, utilizar el alumbrado de largo alcance. – En el caso de un posible accidente, intentar no evitar el impacto con el animal; normalmente suele ser más seguro que chocar con un vehículo en sentido contrario o salirse de la vía.

En caso de accidente, ¿quién es responsable?

En 2015 se hicieron cambios en la Ley de seguridad vial en el caso de los accidentes cinegéticos:

  • En la mayoría de atropellos de animales, la responsabilidad final es del conductor, tanto en los que se refiere a los daños materiales como a los daños a personas.
  • Pero si el accidente o incidencia es consecuencia directa de caza, hecha el mismo día o que haya finalizado doce horas antes del accidente, el responsable es el propietario del terreno.
  • Es responsable el titular de la vía si el accidente está motivado por no haber reparado una valla o no disponer de la señalización de animales sueltos en tramos con alta accidentalidad.

 

“No corras. Vive más”

La prisa, el estrés, la ansiedad y el ir de cabeza se han convertido, para muchos, en un estilo de vida. Esta velocidad con la que vivimos nuestro día a día se traslada, a menudo, a la conducción. Y cuando eso pasa se produce una situación de alto riesgo, tanto para nuestra vida como para la vida de los demás.

Precisamente, la velocidad excesiva es uno de los principales factores concurrentes de la siniestralidad viaria. Además de ser una causa directa de los siniestros viarios, es un factor que aumenta la gravedad de las lesiones. El exceso de velocidad es una conducta de riesgo y tiene consecuencias trágicas en las carreteras.

Ante esta situación, el Servicio Catalán de Tráfico ha presentado la nueva campaña de concienciación, que tiene como punto de partida creativo la prevención de accidentes con el factor concurrente de la velocidad. El objetivo principal de la campaña es mostrar de manera contundente cómo este ritmo frenético en el que estamos inmersos puede tener consecuencias nefastas.

La nueva campaña de seguridad vial quiere también concienciar sobre 5 aspectos clave:

  • Nadie tendría que morir ni sufrir secuelas de por vida por un accidente de tráfico.
  • Los accidentes son totalmente evitables.
  • La seguridad vial es global y de todos, y un requisito irrenunciable en la movilidad.
  • La apuesta por la seguridad vial es un valor seguro.
  • Nadie está legitimado para poner en peligro la vida de los demás.

Campanya velocitat

La propuesta creativa muestra diferentes situaciones de conducción de riesgo por exceso de velocidad, en un montaje que se va acelerando y con una voz en off que explica los motivos por los que la gente, supuestamente, corre. El lema de la campaña, “No corras, vive más”, es claro, corto y contundente y combina la racionalidad del mensaje “no corras” con la emotividad del concepto “vive más”.

 

Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad que nos olvidamos de aquello que es realmente importante: VIVIR

Robert Louis Stevenson