Campañas más efectivas

¿Qué opina el espectador de una campaña publicitaria? ¿Le ha gustado? ¿Le ha llegado el mensaje? ¿La recuerda? Los post-test publicitarios sirven para medir el impacto de una campaña y son una herramienta de marketing muy eficaz para dar respuesta a todos estos interrogantes. Los post-test consisten en proyectar la campaña a varios grupos de personas previamente seleccionadas por una agencia, según determinadas características, y a formular preguntas respecto la campaña, para medir su impacto.

Con el fin de evaluar las tres campañas publicitarias que el Servei Català de Trànsit difundió el 2018 (‘Todos tenemos familia. En la carretera, víctimas cero’, campaña sobre la Visión Cero; ‘No corras, vive más’, sobre el exceso de velocidad; y ‘Todos cometemos errores. Todos somos responsables. La única diferencia es que el/la motorista siempre  pierde’, campaña sobre la vulnerabilidad de los motoristas), una empresa realizó los post-test estableciendo tres grupos de diferentes edades: entre 18 y 25 años, entre 30 y 50 y entre 55 y 70 años. El target seleccionado reunía varias características: residentes en ciudades, residentes en poblaciones, conductores de coche o moto y usuarios del transporte público, entre otros.

‘Todos tenemos familia’

La campaña ‘Todos tenemos familia. En la carretera, víctimas cero’ generó un impacto muy elevado, con una respuesta emocional muy fuerte por parte del espectador. Los diversos grupos del post-test coincidieron en valorar muy positivamente la claridad del mensaje de la campaña: no puede haber ninguna víctima en la carretera y no se puede normalizar la idea que siempre habrá víctimas de tráfico. En contrapartida, surgieron también objeciones, como por ejemplo que la campaña es demasiado dramática y se hace sufrir al espectador, o que la duración del spot es un poco larga. A pesar de todo, esta campaña logró una valoración de 8.4 sobre 10.

‘No corras, vive más’

La campaña de concienciación sobre el exceso de velocidad en la carretera generó en los grupos del post-test reacciones muy positivas. Enseguida, captó la atención de los espectadores, se valoró muy positivamente el mensaje que transmite el spot acerca de vivir con demasiadas prisas, así como la realización audiovisual y el claim ‘No corras, vive más’. Por otro lado, entre los grupos del post-test se destacó también que se conseguía generar un impacto sin recurrir a elementos excesivamente dramáticos. El aspecto peor valorado de esta campaña fue que el formato multipantalla que adopta en algunos momentos genera confusión porque no hay suficiente tiempo para identificar las escenas. ‘No corras, vive más’ recibió una puntuación de 8.3 sobre 10.

‘Todos cometemos errores. Todos somos responsables’

La campaña de concienciación sobre la vulnerabilidad de los motoristas, en cambio, recibió una valoración muy modesta. Todos los grupos del post-test coincidieron en que los diferentes spots de la campaña incurren en el mismo problema: el mensaje no se entiende y el formato de los spots se percibe como frívolo. Aun así, a pesar de que las analogías con los niños que propone la campaña no se consideran bien resueltas, sí que se valora positivamente la idea que los motoristas son más vulnerables y que son todos los conductores los que tienen que circular con prudencia y respeto. Esta campaña recibió una puntuación de 4.4 sobre 10.

Conclusiones y propuestas de mejora

Los post-test sirven, también, para detectar carencias y elaborar sugerencias que puedan ayudar a crear campañas más precisas en su mensaje y más efectivas en su formato. De entre las propuestas de mejora, se sugirieron varios aspectos:

  • El mensaje, cuanto más claro, corto y directo, mejor.
  • Se valora positivamente que sean escenas cotidianas e historias reales.
  • Hay que buscar el equilibrio entre el impacto y la crudeza de las escenas.
  • Se recomienda perfiles de protagonistas de los spots más inclusivos.
  • La duración ideal de un spot es de 40 segundos.
  • Se recomiendan campañas dirigidas a determinados colectivos, con objetivos más específicos, de prevención y de comportamientos de riesgo.

Todas estas propuestas de mejora recogidas por los post-test publicitarios sirven para ajustar mejor las campañas y adecuarlas a una realidad cambiante como es el mundo de la movilidad. Y a ti, ¿qué campaña te gusta más?

Conductores entre rejas

A menudo pensamos que nunca seremos víctimas de un accidente de tráfico, que eso les pasa a los demás. Pero todavía nos resulta mucho más increíble y surrealista pensar en la posibilidad de entrar en prisión por conducir bajo los efectos del alcohol, por conducción temeraria o por conducir sin permiso. Es una realidad que no entra en nuestros esquemas pero, eso, también pasa.

El endurecimiento de las medidas penales contra los infractores por delitos contra la seguridad vial ha llevado al ámbito de la justicia penal, incluida la cárcel, a un colectivo de personas que hasta ahora no llegaban. Actualmente en Cataluña hay 809 personas en la cárcel que están cumpliendo condena y que han cometido algún delito contra la seguridad vial. Conducir sin permiso, la conducción temeraria, conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas y negarse a someterse a la prueba de alcoholemia son, por este orden, los delitos más habituales en este tipo de internos.

La duración de la condena se sitúa en torno a un año por término medio, si bien aquellos penados clasificados como de delito único tienen condenas de pena de prisión considerablemente más cortas. Sea como sea, ingresar en una prisión no es una experiencia deseable.

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Tomar conciencia de la inconsciencia

El programa Hora Punta se desarrolla en las prisiones catalanas desde el 2011 y, mediante este, la Administración penitenciaria intenta dar respuesta al incremento de reclusos por delitos de tráfico desde la reforma del Código penal en el 2007. Es un programa psicoeducativo que dura todo el año y que ofrece a los internos herramientas para tomar conciencia y para trabajar la conducta ante el riesgo y evitar situaciones reincidentes en el futuro. A lo largo del tratamiento se trabajan 3 objetivos: la responsabilización del problema, el análisis funcional de la propia conducta y, finalmente, la capacidad de empatizar.

“Ponerse en el lugar de la otra persona en la medida de sus posibilidades, poder entender los daños causados o el daño potencial que puedes causar a otras personas es fundamental en este programa”, asegura Margarida Llop, jefa de programas del área de violencia del centro penitenciario de Ponent. Margarida comenta que este tipo de presos no se ven a sí mismos como el resto de internos. “A menudo ellos no se ven como un preso, lo que se entiende por preso. Pero hoy en día eso es muy versátil y es transgredir una norma… por el solo hecho este se puede plantear uno que está cometiendo un delito, ser o tener la categoría de delincuente”.

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El centro penitenciario de Ponent ha sido pionero en este programa. Ahora mismo, hay 14 presos que están cumpliendo penas por un delito único contra la seguridad vial.
El programa prevé también dos sesiones con mossos d’esquadra del área de la educación para la movilidad segura. Jesús Alcalde, mosso coordinador de la educación para la movilidad segura en Ponent, acompañado de su compañero Hèctor Querol, hacen charlas habitualmente tanto en régimen abierto como en régimen cerrado. “El objetivo principal de la sesión”, dice Jesús, “es que reflexionen sobre por qué han ido a la cárcel, se les hace reflexionar sobre la reincidencia y se les hace entender que la sociedad les da oportunidades pero si reinciden el castigo es la prisión.”

 Hacer un “reset”

Hacer charlas en un entorno penitenciario es, obviamente, diferente de otros espacios donde los mossos hacen sesiones formativas. Los agentes, en estas ocasiones, siempre van vestidos de paisano con el fin de crear un ambiente relajado y distendido. La acogida es buena y los internos no ven a los mossos con hostilidad, sino que por el talante de la reunión parece más un encuentro de amigos en el que los internos preguntan y piden consejos a la policía.

La sesión empieza con una reflexión personal de los penados sobre por qué están en la cárcel y qué hay que hacer para que en un futuro, cuando salgan, no reincidan y vuelvan a una vida entre rejas. Las clases son muy dinámicas y “no cuesta nada que ellos participen porque la aceptación es buenísima”, asegura Hèctor.

La percepción del riesgo es un elemento clave en estas formaciones. La trabajan a partir de un cuestionario donde cada interno tiene que puntuar, de poco a mucho, conductas de riesgo en la conducción. “Lo que intentamos primero es conocer desde qué perspectiva ellos ven el riesgo y, entonces, se dan cuenta de que cada uno lo ve diferente y lo que pretendemos es que vean que sí que existe este riesgo y que es mucho más grave de lo que ellos consideran”, dice Jesús.

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Algunos son muy conscientes de la infracción que han cometido y uno de ellos pide ayuda a Jesús: “A ver si me ayudas y me ‘reseteas’”. Otro que está cumpliendo condena por conducir bajo los efectos del alcohol y hacerlo con reincidencia con el permiso retirado explica, bromeando: “Tengo el permiso retirado hasta el 2023. Mi madre dice que estará tranquila hasta entonces”.

 “Yo he nacido para conducir y correr”, dice uno de los internos, y Jesús lo corrige: “¡Eh! Tú has nacido para conducir y para vivir”. Aspectos como la responsabilidad, el autoconocimiento o las consecuencias que se derivan de los propios actos en las víctimas, en la familia y en uno mismo son tratados con juegos simbólicos como la construcción de una torre vertical con 10 fichas sin que caiga a modo de competición. “Les das 10 piezas y es imposible construir una torre vertical. Nosotros lo hemos intentado y no es posible. El juego da pie a que reflexionen porque ellos se están dando cuenta de que es imposible hacer esta torre, pero lo siguen haciendo… lo vuelven a hacer, vuelve a caer y aquí está donde lo comparamos con la reincidencia que los ha llevado a la cárcel”.

La sesión pasa volando y parece que los internos no tienen prisa en marcharse. Dan las gracias efusivamente a Jesús y a Hèctor. “Recordad que todo el mundo tiene derecho a una oportunidad y que sois privilegiados porque tenéis la opción de reflexionar. La vida no tiene precio y no vivir la vida tampoco tiene precio” es el mensaje final de esta jornada formativa.


El Servicio Catalán de Tráfico ha puesto en marcha la campaña “Conductores entre rejas”, una campanya de vídeos virales con declaraciones de personas que cumplen penas de prisión por un delito contra la seguridad vial.

 

5 reglas clave para actuar con seguridad en caso de avería

Por fin ha llegado el día anhelado, estás conduciendo por una carretera camino de tu destino de vacaciones de verano pero de repente te das cuenta de que tu vehículo empieza a fallar y no puedes seguir circulando… Nadie desea sufrir este tipo de contratiempo pero desgraciadamente los coches se averían, también cuando estamos de vacaciones. Por lo tanto, tenemos que estar preparados para afrontar esta incidencia con seguridad y con calma, con el fin de evitar exponernos a nosotros mismos y a los demás a situaciones de peligro.

Te dejamos 5 reglas clave que debes tener en cuenta si tu coche sufre una avería durante un desplazamiento por carretera:

  1. Para el vehículo fuera de la vía, si es posible, en un lugar donde no estorbe al tráfico, sobre todo para que no se produzca un accidente como consecuencia de la avería.
  1. Para avisar de la incidencia a los demás conductores, señaliza tu vehículo con los triángulos, situados como mínimo a 50 metros delante y detrás del vehículo (en vías de doble sentido). Si no dispones de estos, pon alguna cosa que pueda llamar la atención al resto de conductores, como por ejemplo un chaleco reflectante.
  1. Activa las luces de emergencia y, si es de noche, con poca visibilidad, también las de posición.
  1. Si tienes que salir del vehículo, hazlo por la parte más segura y no olvides ponerte el chaleco reflectante obligatorio, que tienes que llevar siempre a mano. No vale, por ejemplo, llevarlo en el maletero.
  1. Aléjate de la vía y, si puedes, sitúate detrás de la valla de protección. Si en el coche viajan más ocupantes, mantén al grupo unido y evita que circulen por la A causa de averías, se producen atropellos que pueden tener graves consecuencias y, por lo tanto, las medidas de autoprotección son indispensables para evitar males mayores.

Las revisiones periódicas y el mantenimiento óptimo de los vehículos son fundamentales para evitar sufrir un susto en la carretera durante las esperadas vacaciones de verano. Así que antes de salir de viaje hay que revisar algunos elementos básicos, entre ellos la presión y el estado de los neumáticos, el nivel del aceite y el líquido de los frenos, la batería, las luces y los intermitentes. Las revisiones preventivas son básicas para la seguridad vial así como la reparación de desperfectos que pueden comportar riesgos graves a la hora de circular tanto para uno mismo como para el resto de usuarios.

¡No te arriesgues a que un mantenimiento deficiente de tu vehículo te estropee las vacaciones!

#MillennialsSenseFiltres, jóvenes sin pelos en la lengua

Marcos, Kevin, Jordi, Judit y Marta son los protagonistas de #MillennialsSenseFiltres, una campaña sobre los peligros de la carretera que este verano hemos lanzado para llegar a los jóvenes. “Millennials” por la edad y “Sin filtros” por el formato conversación que les tira de la lengua y de la sinceridad.

Este mes de julio ya puedes ver en nuestro canal de Youtube, TransitCatalunya, y en nuestro perfil de Twitter, @transit, estos tres vídeos que están repletos de reflexiones reales y directas sobre el móvil, el alcohol y las drogas o las imprudencias al volante. De hecho, estos cinco jóvenes hablan tan sin pelos en la lengua que muchas de las cosas que dicen son el ejemplo a NO seguir.

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“No te digo que no conduzca nunca borracha, pero creo que drogada no lo haría nunca”, “He conducido sin carné y he salido mucho de fiesta”, “Veo mejor que consultes el móvil en el semáforo que conduciendo”, son algunas de las “perlas” que nos han dejado los protagonistas de la campaña. Unas reflexiones controvertidas que nos sirven para hacer debate en la red con el objetivo de acercarnos a los millennials y hacerles ver que determinadas actitudes imprudentes, que ellos pueden llegar a considerar cotidianas, son incompatibles con una conducción segura.

La campaña llega ahora en verano, unos meses en los que la movilidad de ocio y las salidas nocturnas de los jóvenes se disparan y cuando se hace necesario recordarles estos mensajes: “Eres joven y te queda mucho por vivir, no corras riesgos”, “Si conduces, ¡móvil off!”, o bien “Ni mucho ni poco. Si conduces, cero alcohol, cero drogas”. La parte más amarga de todo es que este año ya han muerto en las carreteras catalanas 12 jóvenes de entre 18 y 30 años. Por mucho que la juventud sea una etapa de vivir la vida, es necesario que sean conscientes de que todo se puede acabar por una imprudencia. Desgraciadamente, eso pasa.

El cinturón te puede salvar la vida

¿Te lanzarías en paracaídas sin abrochártelo? ¿Querrías subir a una montaña rusa sin sujetarte bien? ¿Escalarías una pared vertical sin cuerdas ni arnés? Las respuestas a estas cuestiones son evidentes, pero si nos situamos a bordo de un vehículo, parece que el sentido común desaparece. Cuando menos, en algunos casos. La percepción del riesgo disminuye si se circula en coche y no debería ser así, puesto que hablamos de una máquina, sofisticada y estética, sí, pero que pesa más de una tonelada y se desplaza a muchos metros por segundo. De hecho, para hacernos una idea de los daños que puede producir, un choque a 140 km/h equivaldría al impacto de una caída desde lo alto de un edificio de 20 plantas (unos 77 metros).

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A pesar de que el uso del cinturón de seguridad se ha generalizado en los últimos años, todavía hoy en día se producen graves lesiones o la muerte en accidentes de tráfico por no llevar abrochado el cinturón. Este año, han muerto 7 personas por no abrocharse el cinturón y 8 más han resultado heridas de gravedad. Estos son datos todavía provisionales, pero ya nos indican que un 13% del total de víctimas mortales de lo que llevamos de 2019 no llevaban el cinturón abrochado, una cifra que no se puede considerar residual. Sin ir más lejos, en 2018 perdieron la vida en el asfalto 20 personas por no llevar el cinturón y 41 más quedaron gravemente heridas.

Más concienciación

Cinturó autocarTodavía queda trabajo por hacer cuando el uso del cinturón no es habitual aún en los pasajeros posteriores o en los usuarios de los autocares, por ejemplo. Desde el Servicio Catalán de Tráfico, se han realizado varias campañas de concienciación, como la campaña “Pasajeros seguros, también en el autocar“, y se llevan a cabo controles policiales preventivos a lo largo del año para afianzar el uso del cinturón entre todos los ocupantes del vehículo. Precisamente, esta semana, hasta el domingo 9 de junio, se está realizando una campaña de controles intensivos para velar por la seguridad de  transportes escolares y de menores, y de viajeros.

Además, los vehículos mirilla  de los Mossos d’Esquadra, que vigilan las carreteras sin ser reconocidos por los conductores, también detectan habitualmente infracciones de tráfico como circular sin llevar abrochado el cinturón.

No obstante, también es necesario que los usuarios tomen conciencia de la importancia de llevar el cinturón abrochado. No en vano, no llevar el cinturón es, junto con la velocidad y la conducción bajo los efectos del alcohol y otras drogas, una de las principales causas de lesiones derivadas de los accidentes de tráfico, especialmente lesiones internas en la zona del tórax y de la cabeza. Además, no utilizar este sistema de seguridad pasiva implica una sanción económica de 200 € y la pérdida de 3 puntos del carné de conducir.

La concienciación, de todas formas, tiene que empezar por un mismo. El clac del cinturón te puede salvar de la muerte o de sufrir una grave lesión para toda la vida. Si eres el conductor y hay más ocupantes en el vehículo, no pongas en marcha el motor hasta que todo el mundo se abroche el cinturón. Gestos como estos salvan vidas. Si todos ponemos de nuestra parte, es posible reducir a cero las víctimas por no llevar abrochado el cinturón de seguridad.

Huir del lugar de un accidente: una mala decisión

“Hace unos 6 años, investigamos un accidente en el cinturón del Litoral, en el que un turismo hizo caer a una motorista y un tercer coche le pasó por encima… Los dos conductores, el del vehículo que la hace caer y el que le pasa por encima, se paran unos metros más adelante, miran qué ha pasado, uno de ellos llama al 112, y deciden marchar los dos del lugar del accidente.” Este es uno de los muchos ejemplos que nos podría explicar el sargento Rafa Aguilar, del Grupo de Búsqueda y Documentación (GRD), la división de los Mossos d’Esquadra que investiga los accidentes de tráfico.

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Desgraciadamente, el abandono del lugar del accidente y la omisión del deber de socorro son más habituales de lo que podamos suponer. En 2018, hubo 198 accidentes en las carreteras catalanas en los que el conductor que provocó el siniestro se dio a la fuga. De estos 198 siniestros, uno fue mortal. La tarea de los Mossos al frente del GRD es la de investigar el lugar del accidente, seguir las pistas y localizar finalmente al conductor que ha huido del lugar del accidente. En muchos casos, esto se consigue por la suma de esfuerzos y recursos que se ponen al alcance para localizar al vehículo que se ha dado a la fuga. En el caso que relataba el sargento Aguilar, se localizó a los dos conductores: “Llegamos a determinar la identificación del conductor que hizo caer a la motorista por la llamada al 112. Del coche que le pasó por encima, recuperamos algunas piezas que nos permitieron determinar el modelo del turismo. A la semana siguiente montamos un control en el mismo punto y buscamos el turismo hasta que lo encontramos, y en los bajos tenía todavía restos biológicos. Imputamos un delito de homicidio imprudente y omisión del deber de socorro a los dos conductores”, explica Aguilar.

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La trazabilidad de los restos

En los siniestros en los que un vehículo ha huido del lugar del accidente son muy importantes los restos del vehículo que hayan quedado. A menudo, gracias a estos restos se puede localizar el vehículo fugado y a su conductor. Si el vehículo ha sido reparado, se añaden dificultades a su posterior localización pero también hay vías para atrapar al responsable: “Cuando el vehículo se monta en fábrica, todas sus piezas tienen un reloj, con la indicación del año; a partir de aquí, si por ejemplo tenemos un vehículo del 2010 y encontramos piezas del 2017, sabemos que algo se ha reparado. Seguimos las pistas, pedimos datos de estos cambios de piezas hasta que finalmente podemos determinar si ha estado implicado en aquel accidente”, explica el sargento Aguilar. “En los accidentes con fuga, trabajamos estrechamente con el gremio de talleres; nosotros lanzamos un aviso de que buscamos un vehículo de una marca y modelo concreto y si entra en reparación un vehículo con estas características y con estos daños, el taller nos da el aviso”, precisa Aguilar.

Los motivos

Según el sargento a cargo de la división de investigación de los accidentes de tráfico, no hay un perfil tipo del infractor que huye del lugar del accidente, pero sí hay unos denominadores comunes que se acostumbran a cumplir en estos casos, como haber consumido alcohol, haber perdido todos los puntos del carné de conducir, no tener pasada la ITV, o no tener el seguro del vehículo, para citar los ejemplos más habituales. “A menudo, son estas circunstancias las que empujan a algunos conductores a tomar la decisión de huir del lugar del accidente; una acción que, de hecho, es mucho más grave que cualquiera de estas circunstancias”, puntualiza el sargento Aguilar.

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Reforma del Código Penal

El 20 de febrero de este año, entró en vigor la reforma del Código Penal, en la cual se incorpora el delito de abandono del lugar del accidente y se establecen penas de hasta 4 años de prisión, si el conductor es responsable del siniestro, y también de hasta 6 meses de prisión, si un conductor llega al lugar de un accidente con víctimas y no se para a auxiliarlas. Con esta medida, ampliamente reclamada por las entidades que defienden a las víctimas de accidentes, se pretende ofrecer una mayor protección a las víctimas de los accidentes de tráfico.

El mejor momento para dejarlo

Leíamos recientemente que el marido de la reina Isabel II de Gran Bretaña, el príncipe Felipe, de 97 años, había entregado voluntariamente su permiso de conducir a la Policía. De esta manera quería dejar bien claro que había decidido no volver a conducir nunca más, forzado sobre todo por un accidente que había tenido pocas semanas antes y porque días después lo habían cogido in fraganti conduciendo sin el cinturón de seguridad puesto. En realidad, ya hacía tiempo que recibía la presión de una sociedad que consideraba que, quizás, ya era demasiado mayor para coger el coche.

También hemos podido leer últimamente que, del total de víctimas mortales que hemos contabilizado hasta ahora en nuestras carreteras, aproximadamente un 42% tiene más de 65 años. Unos datos inéditos hasta ahora y que demuestran un aumento de muertos en la carretera que se incluyen dentro de la franja de edad denominada eufemísticamente “personas mayores”.

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Con todas estas informaciones, es fácil que surja la pregunta siguiente: “¿Habría que poner un límite de edad para conducir?”. Es evidente que con la edad perdemos visión, reflejos al volante y capacidad auditiva. Pero antes de responder categóricamente a la pregunta, recordemos aquel cuento titulado “El plato de madera”, en el que un hombre castiga a su padre, ya mayor, a comer en un rincón y en un plato de madera porque, a causa de la edad, no paraba de tirarlo todo y de romper los platos. Pocos días después, el hombre se encuentra a su hijo pequeño trabajando un pequeño tronco con su cuchillo. El hombre le pregunta: “¿Qué haces?”, y el niño le responde: “Estoy haciendo un plato de madera, para que cuando tú seas viejo comas como el abuelo. Como he visto que a tu padre le dabas un plato de madera, ahora yo estoy haciendo uno para ti.” No hay que decir que, en un primer momento, el padre no se lo toma demasiado bien, pero acaba comprendiendo la moralidad del cuento y permite al abuelo volver a comer con toda la familia.

Por lo tanto, y volviendo a la pregunta de si hay que poner un límite de edad para conducir, la gente que no forma parte del colectivo de las personas mayores podría verse tentada a responder con un sí rotundo. Pero, ¿a qué edad ponemos la línea? ¿64 años? ¿65? ¿70? No todos envejecemos igual y seguro que, cuando nos llegara la edad marcada por ley pensaríamos: “Hombre, pues todavía estoy lo bastante bien, no veo por qué ahora tengo que dejar de conducir”. Y es que no disponer del permiso de conducir supone para todos una gran pérdida de nuestra independencia, un precio que, llegado el momento, no todos estamos dispuestos a pagar. No todos estamos dispuestos a comer en un plato de madera.

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Pero es cierto que ante el aumento de la mortalidad de los conductores, pasajeros y peatones mayores de 65 años, tendríamos que tomar algunas medidas. Un aspecto importante a considerar es la vulnerabilidad relacionada con la edad. El mismo accidente puede tener consecuencias diferentes según las condiciones físicas de las personas afectadas. Por eso son tan importantes las medidas de seguridad activa y pasiva, sea cuál sea la edad de conductores y pasajeros.

En cualquier caso, la conducción requiere un ejercicio de responsabilidad por parte de todos y cada uno de nosotros, tanto en el mismo momento en el que se conduce como en la obtención y renovación de los permisos, que incluyen el reconocimiento psicofísico de los conductores cada 10 años en general y cada 5 a partir de los 65 años. No obstante, este tiempo se puede reducir en función de los problemas psicofísicos que se detecten en las revisiones. Desde el Servicio Catalán de Tráfico pedimos a todo el mundo, sea cual sea su edad, un ejercicio de responsabilidad y sinceridad en el reconocimiento psicofísico para que los profesionales puedan hacer su trabajo y nos marquen las adaptaciones que necesitamos para conducir y el plazo en el que hay que renovar el permiso de conducir. Se trata de no engañarnos, ni a nosotros mismos ni tampoco a los responsables que nos tienen que permitir, o no, renovar el permiso de conducir. Las consecuencias de hacer trampas pueden ser demasiado graves.

 

Imprudencias que no pasan desapercibidas

Un coche circula por la T-11 entre Reus y Tarragona. La conductora coge el móvil y consulta una aplicación para saber el recorrido que tiene que hacer. Para ella solo ha sido “un momento”, el tiempo suficiente para perder la atención en la circulación y empezar a desviarse de la trayectoria. Dos agentes que patrullan en un vehículo de paisano de Mossos d’Esquadra por la misma vía han visto la infracción e indican a la chica que los siga y se detenga. Le comunican que ha cometido una infracción grave de circulación que le supondrá la pérdida de 3 puntos del permiso de conducir y una multa de 200 euros. 

Los vehículos mirilla son coches no logotipados de Mossos d’Esquadra con los cuales se lleva a cabo un patrullaje policial dinámico. La priorización de este tipo de controles es una de las medidas que se ha implementado este 2019, con el objetivo de seguir trabajando para contener la siniestralidad vial en las carreteras catalanas y concienciar a los conductores del peligro  que suponen las distracciones y otras imprudencias al volante.

Como su nombre indica, los vehículos mirilla permiten a los Mossos vigilar las carreteras sin ser reconocidos o detectados por los conductores. Dentro van dos agentes uniformados que son los encargados de captar infracciones de tráfico –distracciones, sobre todo el uso del teléfono móvil, pero también adelantamientos incorrectos o no llevar el cinturón de seguridad– que los conductores cometen mientras circulan sin ser conscientes de la presencia de un coche policial. “La idea es que puedas parar en el mismo momento al conductor y notificarle la denuncia”, explica el inspector Antoni Vilafranca, jefe del Área Regional de Tráfico Campo de Tarragona.

“Solo ha sido un momento”, “no lo cojo nunca”, “me llamaban de la escuela/del trabajo”, “pensaba que era una emergencia”… Las excusas que ponen los conductores son numerosas y recurrentes pero lo cierto es que, como son pillados in fraganti, la mayoría reconocen y aceptan que estaban haciendo una cosa que no hubieran tenido que hacer: conducir manipulando el móvil.

Con todo, el año pasado las distracciones fueron la causa de casi uno de cada cuatro accidentes con víctimas. “Hemos pasado de hablar con el teléfono en la oreja a comunicarnos vía whatsapp con el teléfono entre las piernas y utilizar de esta manera el móvil es tanto o más peligroso. No estar pendientes de lo que está pasando delante nuestro en la carretera puede provocar accidentes con consecuencias que a veces ni nos imaginamos”, advierte Xavier Piña, sargento del Área Regional de Tráfico Central.

Las distracciones causadas por el uso del móvil son las más frecuentes pero también se detectan otras. En la AP-7 en Santa Perpètua de Mogoda una patrulla de la ART Metropolitana Norte observa al conductor de una furgoneta que está comiendo de una fiambrera mientras conduce. Los agentes lo avisan y le obligan a detenerse en la siguiente área de servicio. El conductor de la furgoneta pillada se excusa y dice que tenía previsto hacer una parada para comer pero que tiene mucha prisa y finalmente no le ha dado tiempo. Comportamientos como este también pueden causar que la atención se desvíe de la carretera durante unos segundos y en consecuencia comportar graves riesgos al volante.

Para ti, ¿qué precio tiene la vida?

Entrevista a Ester Busquets, doctora en Ética de la Universidad de Vic

En el SCT, nuestra actividad se centra en la prevención de los accidentes de tráfico y la reducción de la siniestralidad; por tanto, nos interesan todos aquellos factores del comportamiento humano que influyen en la conducción. La mayoría de los estudios demuestran que el factor humano es el principal elemento implicado en la siniestralidad. Debemos tener en cuenta que ante una misma situación los conductores reaccionamos de distinta forma de acuerdo con nuestra personalidad, aprendizaje, etc. Las actitudes y las conductas inseguras son los factores de riesgo más habituales y los más difíciles de modificar.

Si vamos más allá, la doctora en Ética de la Universidad de Vic, Ester Busquets, nos plantea la siguiente pregunta: “¿Qué harías si fuera el último día de tu vida? Nadie piensa en hacer cosas malas, como por ejemplo conducir bebido, provocar destrozos, mentir, ofender, etc. Más bien se trataría de hacer cosas bonitas.” A lo mejor nunca nos lo habíamos planteado cuando salimos a la carretera, pero sí somos conscientes de que cada día mueren personas.

110_4350SCT – Entonces, ¿cómo explicaría el hecho de que somos capaces de frenar donde sabemos que hay un radar para evitar pagar la multa pero, sin embargo, somos incapaces de reducir la velocidad por la estima a la propia vida y a la de los demás?

EB – A raíz del último anuncio del SCT en relación con la velocidad, “No corras, vive más”, hemos visto que la velocidad es incompatible con la vida. Muchas veces no le damos valor a aquello que lo tiene y, en la vida ̶lo descubrimos solo en situaciones límite, por ejemplo en enfermedades ̶, valoramos lo que hemos tenido cuando no lo tenemos.

Desde el punto de vista social, vivimos una época en la que las personas viven centradas en sí mismas y en su entorno más directo y se está perdiendo el sentido de comunidad. A esto Busquets lo llama “cultura del yo” o bien “hiperindividualismo”.

SCT – ¿Cómo nos explicaría esta “cultura del yo” que el ser humano traslada también a la conducción?

EB – El hiperindividualismo sería el individuo centrado en sí mismo y sus circunstancias. Si me lo permitís, haré referencia a una frase del filósofo alemán Hans Jonas: “La irresponsabilidad es el olvido del otro”. Por lo tanto, la responsabilidad es acordarte del otro. Dicho esto, en la conducción es donde más se manifiesta. La ética en ti mismo reside en la reflexión y es lo que hace que acabes conduciendo responsablemente.

SCT – ¿Qué se puede hacer para paliar esta sociedad hiperindividualista?

EB – Esta es una cuestión social, aprendemos a partir de modelos y estos no necesariamente nos ayudan. Tendrían que cambiar temas de base, educar en valores, en virtudes y en actitudes. A través de los medios recibimos mensajes contrarios a la seguridad que no educan en la responsabilidad.

Si tanto amamos la vida, ¿por qué la menospreciamos cuando salimos a la carretera?

SCT – ¿Cree que la dureza o el incremento en las sanciones, respecto a las infracciones de circulación, son un buen método para concienciar a los conductores del peligro que supone su comportamiento en la carretera?

EB – La sanción es necesaria pero no suficiente, porque es una medida temporal para llegar a la concienciación. Es necesario acompañarla de todo un proyecto educativo y de concienciación global.

SCT – ¿Por qué considera que tenemos que educar en sabiduría y no en conocimiento?

EB – Porque la sabiduría y la conciencia moral, que se educa en el contexto social, realmente mejoran cuando uno mismo es consciente del sentido de conducir responsablemente. El conocimiento no sirve, sirven los modelos. Hay que insistir en un cambio positivo y hacer visibles más modelos de conducción segura.

SCT – Para educar en virtudes, ¿se tendría que empezar en los colegios introduciendo estos valores a los más pequeños? ¿Tendría que existir como una asignatura básica más?

EB – Sí que se tendrían que introducir estos valores desde pequeños e introducirlos desde la experiencia y desde la emoción. No se aprende sin emoción, sin la experiencia de sentir. Tenemos que educar en la consciencia de que conducir es importante y que, por lo tanto, estás haciendo una cosa importante. Tenemos que educar en actitudes responsables.

En la sillita, sin abrigo

En invierno tapamos a nuestros hijos con abrigo, guantes, bufandas… para evitar que sufran frío, pero dentro del coche dejarles el abrigo puesto es un riesgo. Los expertos apuntan que si un niño va equipado con esta prenda de ropa tiene un 80% más de probabilidades de salir disparado del vehículo en caso de frenazo brusco.
Según un estudio del comparador de seguros Acierto.com, el 52% de los padres tienen esta mala costumbre y por desconocimiento incrementan la peligrosidad de los desplazamientos de sus hijos durante el invierno.

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Una de las claves para que los niños circulen con seguridad en las sillitas de los vehículos es que los arneses estén bien sujetos y pegados al cuerpo, hecho que no se produce si van con abrigo. El anorak genera un volumen falso en el tórax del niño que hace que cuando ajustamos la sujeción esta quede demasiado holgada. De esta manera, en caso de accidente, se aumenta la probabilidad de que el abrigo se deslice hacia adelante y se libre del sistema de retención.
Así pues, para la seguridad de los niños, lo mejor es quitarles el abrigo antes de sentarlos en las sillitas para poder ajustarles los arneses de forma óptima. Un truco que recomiendan los expertos para comprobar si van bien sujetos es que, si podemos pasar dos o más dedos por debajo del cinturón a la altura del hombro, es que no están bien atados y los tenemos que ajustar más. Por otra parte, si hace mucho de frío en el interior del vehículo, la mejor opción es ponerles el abrigo por encima o una manta, y de esta manera no se modifica el sistema de sujeción.