Come bien para conducir bien

Zarzuela, ‘suquet’ de pescado, ‘escudella i carn d’olla’, asado de pato o pollo, canelones, cochinillo al horno, turrón, tronco de Navidad, roscón de Reyes… Estas son las comidas típicas catalanas para las Navidades. Unas buenas comilonas en familia y amigos. Todo ello bien regado con un buen vino y alguna bebida espirituosa. Lo que no sabemos es que hay tantas cosas, tantos factores que pueden entorpecer nuestra conducción… Algunas son evidentes y todo el mundo las tiene claras: alcohol, drogas, medicamentos, etc. Otras, en cambio, no parecen tan obvias y tienen una influencia directa a la hora de manejar vehículos de motor. Determinados alimentos o bebidas pueden provocar malas digestiones y acidez, somnolencia, cansancio, disminución de los reflejos, sobreestimulación… Hay que ser muy conscientes.

Cuando hacemos un viaje largo seguro que lo pensamos, porque calculamos las paradas, dónde comer, dónde descansar… En este caso, si hay que pasar muchas horas conduciendo, es importante comer ligero, en poquitas cantidades, más a menudo, y, sobre todo, hidratarse mucho. Para el resto de viajes habituales o diarios los consejos son prácticamente los mismos, con el añadido de los beneficios implícitos de mantener una buena alimentación y una vida sana.

Tan importante es lo que comemos como la cantidad, es decir, comer menos puede provocar una disminución de la atención durante la conducción, y, por tanto, la seguridad vial disminuye y aumenta la posibilidad de sufrir un incidente o accidente. En cambio, un atracón seguro que provocará problemas durante la digestión y aumentará el sueño, la falta de concentración y el cansancio.

Sí o No: alimentos al volante

Una alimentación variada es lo más aconsejable para todo, y también a la hora de conducir. La comida debe aportar suficientes hidratos de carbono, proteínas y minerales. Es importante que esté exenta de grasas, como también es necesario comer la cantidad justa.

Y recuerda…

NO se puede comer mientras se conduce. El artículo 18 del Reglamento General de Circulación recuerda que “El conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción, que garantice su propia seguridad, la del resto de ocupantes del vehículo y la de los demás usuarios de la vía”.

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