El pasado junio se presentó el libro Com fer formació per a la mobilitat segura en el Departamento de Interior. La obra está impulsada y editada por el Servicio Catalán de Tráfico (SCT), que encargó su redacción a los pedagogos Francesc Esteban y Letizia di Bartolomeo. El libro se basa en el Quadern de trànsit 4. Formació de formadors per a la mobilitat segura(1ª edición de septiembre de 2007), pero con contenidos actualizados y con la incorporación de nuevas teorías, modelos y planteamientos. Está dirigido a personas interesadas en tener una visión renovada de los conceptos de educación para la movilidad segura. Es un manual pedagógico que sirve de orientación y consulta para planificar sesiones de formación que cambien actitudes y consoliden conductas más seguras, uno de los objetivos y razón de ser del SCT. Se puede consultar en línea en la web del Servicio Catalán de Tráfico, aunque también está disponible en soporte físico y se puede solicitar al servicio territorial de Tráfico correspondiente. Hablamos con los dos autores, con los que hemos trabajado estrechamente y con los que aprendemos cuáles son los aspectos clave de este tipo de formación.
¿Por qué se publica este libro y a quién se dirige? ¿Da respuesta a alguna necesidad existente?
Francesc Esteban (F. E.): Este libro va dirigido a todo aquel que quiera realizar formación en movilidad segura y, de una manera más concreta pero no exclusiva, a los monitores y monitoras de educación vial de Cataluña. A veces pensamos que formar es ir a cualquier aula y contar cuatro cosas, y realmente es más complicado que eso. Este libro es un manual que sistematiza los conocimientos que debe tener la persona formadora y que enseña a formar. Es heredero de un libro anterior, que hemos ampliado y mejorado, porque la investigación científica y los cambios en la movilidad nos han obligado a actualizarlo.
El libro apuesta por desarrollar un modelo pedagógico de prevención centrado en la persona y fundamentado en el marco de una movilidad segura y sostenible. ¿Qué ventajas tiene este modelo respecto a la educación vial que se hacía en sus inicios?
Letizia di Bartolomeo (L. B.): Existen distintos modelos de prevención. Los hay que están centrados en la vía, los hay centrados en las normas, los hay centrados en el vehículo. Para nosotros, en un sistema abierto como es la movilidad, es la persona que gestiona el vehículo quien decide cómo ir por la vía, quien se gestiona a sí misma. Optar por un modelo que no tenga en el centro a las personas, que no explique por qué nos comportamos de determinada manera y estudie cómo podemos cambiar, significa estar condenados al fracaso.
¡“Explicar” no es suficiente! Es necesario tener en cuenta las emociones, educar en la percepción de riesgo, considerar los límites de la atención, etc.
¿Hasta qué punto la motivación, la actitud y las emociones desempeñan un papel importante en la toma de decisiones de las personas y en el hecho de adoptar conductas más o menos seguras en la red vial?
F.E.: Las emociones, de hecho, son las que más intervienen en la toma de decisiones. Nuestro neocórtex, nuestro cerebro racional, es muy bueno tomando decisiones, pero necesita mucho tiempo para hacerlo. Las emociones nos ayudan a actuar mucho más rápidamente, obviando diferentes elementos de análisis, ¡claro! La motivación y nuestras actitudes hacen que estemos más preparados para dar un tipo de respuesta u otro. Las emociones son el motor del aprendizaje. Sin ellas, ¡el aprendizaje no arranca!
Si, en términos de educación para la movilidad segura, convenimos que a menudo es necesario cambiar los hábitos de la gente para evitar riesgos en la carretera, ¿qué aprendizaje debemos hacer para lograr este cambio? Y ¿se debe ir adaptando este aprendizaje a lo largo del ciclo vital?
L.B.: Lo primero es que nuestra autonomía y nuestras capacidades van cambiando a lo largo de nuestro ciclo vital. Al igual que cambian los medios de transporte que utilizamos y cambia el espacio donde los utilizamos. Ante todo esto, debemos estar atentos a los cambios externos e internos que se producen, y adaptarnos a ellos aumentando el margen de seguridad.
¿Por qué existe el riesgo de sufrir un accidente y qué variables influyen en la percepción de ese riesgo?
F.E.: El hecho de ir por la vía, en sí mismo, supone un riesgo de sufrir un accidente. No es un sistema cerrado, en el que puedo controlar todas las variables. Se trata de minimizar, en lo posible, el riesgo que corremos. Imaginemos a un niño que quiere cruzar por un paso de peatones. Él puede hacerlo muy bien, pero quizá el conductor va distraído, o le pueden fallar un poco los frenos si el suelo está mojado, o quizás no lo ha visto bien justamente porque es un niño. Debemos asegurarnos de ver y calcular si podemos cruzar con seguridad, pero también de ser vistos. Debemos cruzar por el lugar por el que tengamos más seguridad y debemos estar atentos cuando lo hacemos. Cuando tengas que cruzar un paso de peatones, quítate los auriculares, deja de leer el libro o de mirar el móvil, saca los demás pensamientos de la cabeza y analiza la situación para ver si puedes cruzar con seguridad.
¿Qué competencias de movilidad segura debemos aprender a desarrollar y cómo debemos hacerlo, teniendo en cuenta los distintos niveles y roles de la movilidad?
L.B.: Definimos, de acuerdo con la publicación Competències de mobilitat segura: un model de prevenció centrat en la persona, cinco competencias de movilidad segura: la valoración de la seguridad, la vulnerabilidad y el riesgo; la atención, la interacción y la adaptación al entorno; la gestión de mis competencias y mis límites; la gestión de la influencia, y la gestión emocional. A su vez, para cada competencia se establecen cuatro niveles —principiante, principiante avanzado, competente y experto—, que se expresan en los tres roles que podemos tener en la movilidad: peatón, pasajero o conductor. Vamos desarrollando las competencias con el uso, con la experiencia, ¡pero a veces con eso no basta! La formación nos ayuda mucho, porque nos permite dar un salto en el nivel competencial.
¿Cómo determina el tipo de formación de los educadores para la movilidad segura (Mossos d’Esquadra, policías locales, profesores de formación vial, maestros, educadores de ocio o de asociaciones de víctimas) el traslado de estos conocimientos a los usuarios de la red vial?
F.E.: En el momento en el que estamos, lo que falta es sensibilizar a la población, formar a las personas para que acepten menos riesgo y sean más conscientes de lo que les pasa y por qué les pasa. Todo el que tiene un rol educador debe tratar de influir en su alumnado, cada uno desde su esfera. Debemos lograr que haya todavía mucha más sensibilización en todas estas figuras para que podamos llegar a toda la población.
¿Qué métodos deben utilizar estos formadores y cómo deben hacerlo para que sean eficaces? En una sociedad tan cambiante, ¿es necesario también un reciclaje constante?
L.B.: Se trata de utilizar métodos en los que el participante sea el protagonista, y que sirvan a los objetivos que se han diseñado. Si los métodos utilizan la emoción, ¡se abre una ventana de aprendizaje! Para ello, el formador puede utilizar juegos, dilemas, casos, ejercicios, lluvias de ideas y, en general, cualquier método que haga que el participante se plantee qué hace y por qué lo hace. ¡Así llegamos, al final, a ayudar a construir un comportamiento seguro!
Ciertamente, siempre hay que estar aprendiendo, experimentando, yendo más allá de nuestra zona de confort como formadores. Si no, al final, lo que haremos es repetir lo que ya sabemos y el discurso nos saldrá aburrido, muerto, gastado. ¡Nos tenemos que adaptar a grupos y personas diferentes, y por tanto debemos hacer una investigación constante!
Este compromiso y constancia de los formadores, ¿de qué deben ir acompañados por parte del resto de la sociedad? ¿Qué trabajo queda por hacer y cómo podemos mejorar?
F.E.: Tienes razón, esto no es algo que se consiga en cuatro días, ni es algo que podamos hacer cuatro chalados por nuestra cuenta. ¡Lo primero, en cuanto a los monitores de las policías, es que tengan el tiempo para ir a hablar con el profesorado y participar todos de una programación didáctica coherente y suficiente! El profesorado debe ir ganando más sensibilidad y protagonismo en relación con la movilidad segura y sostenible, ya que, de todas las “educaciones por…” —por la paz, por la sexualidad afectiva y responsable, por el consumo responsable…—, la movilidad segura es la más física, ¡la más experiencial de todas! Y evidentemente debemos contar con los formadores y formadoras viales, con las asociaciones de víctimas o de afectados, con las asociaciones de motos y de bicicletas, con las asociaciones profesionales como ADEVIC y, en general, con toda la sociedad, porque esto es un problema de todos.