Antonio Rubiales Garcia es monitor de educación vial. Hace más de una década que, con su experiencia, constata que si educamos bien a los niños y adquieren buenos hábitos, serán adultos más conscientes a la hora de compartir el espacio público y practicar una movilidad segura. Como monitor de la policía local de Mollet del Vallès destaca que los resultados llegan cuando existe una implicación y una concienciación compartida. Es necesario seguir trabajando y sumando esfuerzos de todas las partes implicadas. Precisamente hablamos con él de la educación vial de los niños y niñas y de su importancia a la hora de transmitir valores y buenas prácticas en movilidad segura.

Foto: Policía Municipal de Mollet del Vallès
¿Qué formación has recibido para ser monitor de educación vial? He completado los cursos de nivel I y II del ISPC del Servicio Catalán de Tráfico, clave para mi especialización en movilidad segura. La experiencia como profesor de autoescuela y la participación en jornadas y congresos me ha permitido complementar y ampliar esta formación.
¿Cómo se organizan las sesiones con los centros educativos en los que has ejercido? ¿A demanda de la escuela o se ofrece desde el Ayuntamiento? ¿A qué colectivos y grupos de edad se dirige? Trabajamos desde el Ayuntamiento y con el Instituto Municipal de Educación, ofreciendo nuestra programación a escuelas, institutos, entidades y colectivos del municipio, adaptándonos a sus necesidades. Desde infantil, primaria, secundaria, educación especial y colectivos vulnerables.
¿Cuáles son los principales retos a la hora de realizar educación vial con niños? Conseguir que tomen conciencia de los riesgos reales en situaciones cotidianas, sin generar miedo, es todo un reto. No es suficiente con explicar, hay que tener en cuenta las emociones, educar en la percepción del riesgo y entender los límites de la atención. Cada edad entiende el mundo a su manera, lo que nos obliga a adaptarnos constantemente.
¿Qué hábitos y actitudes nos hacen mejores usuarios del espacio público? Respetar a los demás, escuchar, mirar antes de cruzar, saber esperar. Son hábitos sencillos pero marcan una gran diferencia a la hora de moverse con seguridad y convivencia.
¿Qué metodología se emplea durante la formación y qué recursos o materiales se utilizan? Favorecemos un aprendizaje vivencial y cercano, donde los propios participantes son el mejor recurso. Más que teoría, ofrecemos actividades prácticas, juegos, vídeos reales y situaciones simuladas que conectan con su día a día. El objetivo es que lo entiendan, lo vivan y puedan aplicarlo.
¿Qué soporte o asesoramiento se recibe del Servicio Catalán de Tráfico o de otros organismos? Y más allá de eso, ¿qué diferencias ves entre la educación vial actual y la que se hacía hace 10 años? El Servicio Catalán de Tráfico nos facilita materiales, formación y contenidos actualizados. En estos últimos años, se ha avanzado mucho en enfoques más pedagógicos y transversales. Ahora no sólo se habla de normas, sino de valores, emociones y actitudes.
¿Los parques infantiles de tráfico son una herramienta útil para educar y promover la seguridad de los niños? Mucho. Los niños pueden practicar lo aprendido en clase en un entorno seguro, lo que hace que interioricen mejor los hábitos. Cuando se ponen el casco y pedalean, todo toma otra dimensión. Nuestro Parque Infantil de Tráfico, inaugurado en 1981, ofrece formación y talleres de forma continuada desde entonces.
¿Ves diferencias en función de la edad de los ninos y niñas? Sí. Los más pequeños aprenden a través del juego y la experimentación. En primaria ya comienzan a cuestionarse cosas y a identificar peligros; en secundaria ya tienen opiniones y experiencias propias. Cada etapa tiene su momento clave.
¿Cuáles son los primeros pasos con los que se inicia y orienta a los niños y las primeras cosas que deben aprender para moverse con seguridad? Aprender a observar, identificar situaciones de riesgo y pedir ayuda si es necesario. Pequeñas acciones como mirar antes de cruzar o saber interpretar el entorno en un semáforo pueden marcar mucho.
¿Cuáles son las principales dificultades en esta iniciación? Una dificultad es que algunos niños ven conductas en casa que contradicen lo que aprenden. Pero en Mollet, gracias a tantos años de trabajo continuado, hemos formado a padres e hijos, favoreciendo una concienciación familiar y social que fortalece la seguridad vial.
¿Los niños comparten también las experiencias de lo que ven en su casa? Muy a menudo. Te dicen que papá no se pone el cinturón, o que mamá pasa con el semáforo en naranja. Lo cuentan con total naturalidad y es una gran oportunidad para abrir debate.
¿Crees que las ciudades actuales permiten que las personas disfruten de un espacio público saludable, confortable y seguro? Aún nos queda mucho camino. Hay mejoras pero no todas las ciudades están pensadas para los más vulnerables. Es necesario más espacios seguros para niños, ancianos o personas con movilidad reducida.
¿Puede lograrse e ir consolidando un cambio cultural en la movilidad segura a través de estos niños y de las futuras generaciones? Sin duda. Son como una semilla. Si educamos bien ahora, tenemos a adultos más conscientes mañana. Además hacen de puente con las familias y generan conversaciones que antes no se daban. Los resultados llegan si estamos convencidos y somos valientes, en Mollet ya llevamos 18 años sin ninguna víctima mortal por accidente de tráfico en el casco urbano.










